WonderPlaces – Toledo – Consuegra


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Los molinos de viento de Consuegra son un Bien de Interés Cultural. Incluyéndose los molinos y el aledaño castillo de la Muela. En febrero de 2008 se aprobaría con la categoría de «Sitio histórico».

Los molinos de viento fueron construidos en la primera mitad del siglo XIX.​ En concreto Pascual Madoz señala un total de diez molinos harineros en 1847,​ aunque en el siglo XVIII al parecer existirían ya dos molinos, uno de ellos se piensa que es del siglo XVI. Tras las distintas reconstrucciones llevadas a cabo en diferentes épocas, se conservan doce de los trece molinos que en su día llegaron a coronar el Cerro Calderico. Actualmente han dejado de realizar su función como molinos y se usan para fines turísticos.


Fragmento de El Quijote

En esto, descubrieron treinta o cuarenta molinos de viento que hay en aquel campo; y, así como don Quijote los vio, dijo a su escudero:

–La ventura va guiando nuestras cosas mejor de lo que acertáramos a desear, porque ves allí, amigo Sancho Panza, donde se descubren treinta, o pocos más, desaforados gigantes, con quien pienso hacer batalla y quitarles a todos las vidas, con cuyos despojos comenzaremos a enriquecer; que ésta es buena guerra, y es gran servicio de Dios quitar tan mala simiente de sobre la faz de la tierra.

–¿Qué gigantes? –dijo Sancho Panza.

–Aquellos que allí ves –respondió su amo– de los brazos largos, que los suelen tener algunos de casi dos leguas.

–Mire vuestra merced –respondió Sancho– que aquellos que allí se parecen no son gigantes, sino molinos de viento, y lo que en ellos parecen brazos son las aspas, que, volteadas del viento, hacen andar la piedra del molino.

–Bien parece –respondió don Quijote– que no estás cursado en esto de las aventuras: ellos son gigantes; y si tienes miedo, quítate de ahí, y ponte en oración en el espacio que yo voy a entrar con ellos en fiera y desigual batalla.

Y, diciendo esto, dio de espuelas a su caballo Rocinante, sin atender a las voces que su escudero Sancho le daba, advirtiéndole que, sin duda alguna, eran molinos de viento, y no gigantes, aquellos que iba a acometer. Pero él iba tan puesto en que eran gigantes, que ni oía las voces de su escudero Sancho ni echaba de ver, aunque estaba ya bien cerca, lo que eran; antes, iba diciendo en voces altas:

–Non fuyades, cobardes y viles criaturas, que un solo caballero es el que os acomete.»

Miguel de Cervantes