Esta imponente acrópolis se eleva sobre una colina rocosa, sirviendo históricamente como una fortaleza inexpugnable. A lo largo de los siglos, sus murallas fueron reforzadas por bizantinos, francos, venecianos y otomanos. Desde su cima, los antiguos vigilaban tanto el golfo como el mar Egeo. El sitio alberga restos de templos y fortificaciones, representando el bastión militar que protegía el acceso a Corinto y el resto del Peloponeso.